Hablar de los niños es oir el llanto a la risa fresca de un bebé y al observar sus monadas los mayores nos enternecemos y esto, sin dudas, es lo que ocurre en todas las latitudes del planeta, porque aún entre peculiaridades distintas los padres aman a sus hijos.
Hay millones de niños en el mundo entero. Niños felices, tristes, amados, no deseados, los que gozan libremente de la vida y los que absurdamente se la quitan. Niños de hogares bien constituidos, niños abandonados y los que sufren y mueren en la guerra. Niños que no conocen a Dios y otros que nunca han oído hablar de él; niños en mi país, en mi ciudad, en mi barrio, en mi hogar.